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Los relojes IWC son producto de la unión de dos ambiciosas industrias, una americana y otro suiza. La innovación en cronometría es la especialidad indiscutible de la manufactura de relojes IWC y desde sus comienzos en 1868, la empresa se centró en la investigación tecnológica y el diseño. Durante su historia, la firma ha creado una serie de colecciones consideradas como las mejores del mundo. Apreciados por coleccionistas y expertos, cada reloj IWC tiene grabado un número exclusivo de referencia y su tipo de calibre, datos que quedan registrados en la sede de la compañía en Schaffausen. La perfección técnica, la formación de sus especialistas o la renuncia a la fabricación de productos en serie son principios que entroncan con la principal máxima de IWC: hacer relojes para un número reducido de personas, pero con la máxima calidad. A día de hoy son objetos singulares altamente cotizados entre los coleccionistas de todo el mundo.